Lamentaciones de Jeremías

 

  

 

Introducción

No es el texto hebreo, sino la versión griega, la que atribuye estos cantos a Jeremías, y en ese testimonio se debe fundar principalmente la tradición que señala a Jeremías como autor de ellos. Son las Lamentaciones cuatro cantos alfabéticos, seguidos de una oración, cuyo tema es la soledad y ruina de Jerusalén destruida por los caldeos. Tales composiciones eran usuales en Oriente, y sabemos que Jeremías dedicó unas lamentaciones a la muerte de Josías. Su ministerio profético en los últimos años de Judá, el amor intenso que hacia su pueblo sentía y lo mucho que trabajó por apartar de él las amenazas divinas, hacen de Jeremías el más apto cantor de las penas de Judá y le señalan como autor de estos tiernos cantos. Muchos críticos, sin embargo, no se dejan convencer por estas razones, y alegan otras, no decisivas, en contra de tal atribución. Todo esto ni pone en duda la inspiración divina, ni aminora el mérito literario de estas endechas, que tan solemnemente resuenan en las iglesias cristianas en los días de la Semana Santa, para llorar la ruina espiritual de Israel.

LAMENTACIONES

1
1 Alef: ¿Cómo se sienta en soledad la ciudad populosa, es como viuda la grande entre las naciones, la señora de provincias ha sido hecha tributaria?
2 Bet.—Llora amargamente en la noche, y corre el llanto por sus mejillas. No tiene entre todos sus amadores quién la consuele. La fallaron todos sus amigos, y se le volvieron enemigos.
3 Guímel.—Emigró Judá a causa de la aflicción y de la gran servidumbre. Mora entre las gentes sin hallar reposo. Todos sus perseguidores la dieron alcance y la estrecharon.
4 Dálet.—Los caminos de Sión están en luto, por no haber quien venga a las solemnidades. Todas sus puertas por los suelos; sus sacerdotes gimiendo; sus vírgenes escuálidas, y ella llena de amargura.
5 He.—Prevalecieron sus enemigos y prosperaron los que la aborrecían, pues la afligió Yave por la muchedumbre de sus rebeldías. Sus niños fueron a la cautividad delante del enemigo.
6 Vau.—Perdió la hija de Sión toda su gloria. Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pastos, y huyeron sin fuerzas ante el perseguidor.
7 Zain.—Cuando cayó su pueblo en  manos del enemigo, sin que nadie le ayudase, en los días de su aflicción y de su vivir errante, acordóse Jerusalén de todos los bienes que de antiguo tuvo. Miráronla sus enemigos, y se burlaron de su caída.
8 Jet.—Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso fué objeto de aversión. Cuantos antes la honraron la desprecian, viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve su rostro.
9 Tet.—Su inmundicia manchaba sus vestiduras, y no se cuidaba de su fin; y cayó de modo sorprendente, sin que nadie la consolara. Mira, ¡oh Yave!, mi aflicción, mira la arrogancia del enemigo.
10 Yod.—Echó mano el enemigo a todo lo precioso; vió penetrar en su santuario a las gentes, de las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación.
11 Caf.—Todo su pueblo va suspirando en busca de pan. Han dado cuanto tenían de precioso para mantener la vida. Mira, ¡oh Yave!, y ve cuán abatida estoy.
12 Lámed.—¡Oh vosotros, cuantos por aquí pasáis: Mirad, y ved si hay dolor comparable a mi dolor, al dolor con que yo soy atormentada! Afligióme Yave en el día de su ardiente cólera.
13 Mem.—Mandó desde lo alto contra mí un fuego que consume mis huesos; tendió a mis pies una red, y me hizo caer hacia atrás, y me arrojó en la desolación, consumida sin cesar por la tristeza.
14 Nun.—Ató con sus manos el yugo de mis iniquidades. Entretejidas, me fueron puestas sobre la cerviz, y me entregó Yave en manos a que no puedo resistirme.
15 Sámec.—Echó a tierra Yave a todos mis guerreros en medio de mí. Reunió contra mí un ejército, para exterminar a mis mancebos. Como en lagar ha pisado el Señor a la virgen, hija de Judá.
16 Ayin.—Por eso lloro y manan lágrimas mis ojos, y se alejó de mí todo consuelo que aliviase mi alma. Mis hijos han sido destruidos al triunfar el enemigo.
17 Pe.—Tiende Sión sus manos, pero nadie la consuela. Dió Yave contra Jacob órdenes a los enemigos que le rodeaban, y Jerusalén fué para ellos objeto de abominación.
18 Sade.—Justo es Yave, pues yo fui rebelde a sus mandatos. Oíd, pueblos todos, y ved mi dolor. Mis doncellas y mis mancebos han ido al cautiverio.
19 Qof.—Llamé a voces a mis amigos, pero me engañaron. Mis sacerdotes y mis ancianos perecieron en la ciudad, buscando comida con que sostener sus vidas.
20 Res.—Mira, ¡oh Yave!, mi angustia. Mis entrañas rugen, mi corazón se revuelve dentro de mí, por haber sido rebelde. Fuera hizo estragos la espada; dentro, la mortandad.
21 Sin.—Oyen mis gemidos, y nadie me consuela; todos mis enemigos han sabido mi desgracia, y todos se alegran de lo que has hecho. Haz venir el anunciado día, y que sean como yo.
22 Tau.—Que se ponga a tus ojos toda su maldad, y trátalos como me has tratado a mí por mis rebeldías, porque son muchos mis suspiros y está muy dolorido mi corazón.
2
1 Alef.—¿Cómo oscureció el Señor en su ira a la hija de Sión, precipitó del cielo a la tierra la magnificencia de Israel, y no se acordó del escabel de sus pies el día de su ira?
2 Bet.—Destruyó el Señor sin piedad todas las moradas de Jacob; derribó en su furor las fortalezas de la hija de Judá, echólas por tierra, y deslució el reino y a sus príncipes.
3 Guímel.—Abatió en el furor de su ira toda la potencia de Israel, retiró de él su diestra frente al enemigo, y encendió en Jacob ardorosas llamas, que de todos lados le devoran.
4 Dálet.—Tendió contra él su arco, cual enemigo; afirmó hostilmente su diestra, y destruyó cuanto era agradable a la vida, y derramó como fuego su ira, sobre la tienda de la hija de Sión.
5 He.—Ha obrado el Señor como enemigo; ha devorado a Israel, destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, y llenó a la hija de Judá de llantos y gemidos.
6 Vau.—Devastada como se devasta una tienda, destruyó el hogar de sus asambleas, hizo cesar en Sión las festividades y los sábados, y en su violenta cólera rechazó al rey y al sacerdote.
7 Zain.—Desdeñó el Señor su altar, menospreció su santuario, y entregó a manos del enemigo los muros de sus palacios. Resonaron los gritos en la casa de Yave, como en día de fiesta.
8 Jet.—Resolvió Yave destruir los muros de la hija de Sión; echó las cuerdas, y no retiró su mano hasta destruirla, sumergiendo en el luto antemuros y muros, que gimen todos juntamente.
9 Tet.—Sus puertas fueron echadas a tierra; destruyó, quebrantó los cerrojos, su rey y sus príncipes están entre las gentes; no hay ley, y tampoco sus profetas reciben de Yave visión.
10 Yod.—Los ancianos de la hija de Sión se sientan en tierra, mudos, vestidos de saco, cubierta la cabeza, y las vírgenes de Jerusalén inclinan a tierra sus cabezas.
11 Caf.—Mis ojos están consumidos por las lágrimas, mis entrañas hierven, derrámase en tierra mi hígado, ante el desastre de la hija de mi pueblo, al ver desfallecer a los niños, aun los de pecho, en las calles de la ciudad.
12 Lámed.—Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Y caían como heridos en las calles, dando el alma en el regazo de sus madres.
13 Mem.—¿Qué te diré yo? A quién te compararé, hija de Jerusalén? ¿Quién hallar semejante a ti, para poder consolarte, virgen hija de Sión? Tu quebranto es grande como el mar, ¿Quién podrá curarte?
14 Nun.—Tus profetas te anunciaron visiones vanas y mentirosas; no pusieron al desnudo tus iniquidades, para evitar así tu cautiverio, sino que te anunciaron grandezas vanas y falaces.
15 Sámec.—Cuantos pasan baten palmas por ti, silban y menean la cabeza contra la hija de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad que decían del todo hermosa, la delicia de toda la tierra?
16 Pe.—Todos tus enemigos abren la boca contra ti, silban y dentellean contra ti, y dicen: La hemos devorado, es el día que esperábamos, ya llegó, ya lo vimos.
17 Ayin.—Ha realizado Yave en ti lo que había decretado; ha cumplido la palabra que de antiguo dió, ha destruido sin pieclad; te ha hecho el gozo de tus enemigos, ha robustecido a los que le aborrecían.
18 Sade. Claman al Señor sus corazones, pero nada. ¡Oh muralla de la hija de Sión, derrama dia y noche lágrimas a torrentes, no te des reposo, no descansen las niñas de tus ojos!
19 Qof.—Levántale y gime al comienzo de las vigilias de la noche: derrama como agua tu corazón en la presencia del Señor; alza a él tus manos por la vida de tus pequeñuelos.
20 Res.—Mira, ¡oh Yavel, y considera a quién has tratado así. ¿Está bien que las madres hayan de comer el fruto de sus entrañas, los niños que amamantan? ¿Que de sacerdotes y profetas se haga cruel matanza en el santuario del Señor?
21 Sin.—Niños y viejos yacen por tierra en las calles. Mis doncellas y mis mancebos cayeron al filo de la espada. Has matado en el día de tu ira, has degollado sin piedad.
22 Tau.—Llamaste como a solemnidad de todas partes el terror contra mí; no hubo en el día de la cólera de Yave quien escapase ni quedase con vida. Aquellos que yo crié y mantuve, los acabó el enemigo.
3
1 Alef.—Yo soy hombre que ha visto la miseria, bajo el látigo de su furor. 2 Alef.—Llevóme y me metió en tinieblas, sin luz alguna. 3 Alef.—Todo el día vuelve y revuelve su mano contra mí.
4 Bet.—Ha hecho envejecer mi carne y mi piel, ha quebrantado mis huesos. 5 Bet.—Ha levantado contra mí un muro, me ha cercado de veneno y de dolor. 6 Bet.—Me hace habitar en tinieblas, como los ya de mucho tiempo muertos.
7 Guímel.—Me cercó por todos lados sin dejarme salida; me puso pesadas cadenas. 8 Guímel.—Y aunque clamo y voceo, no se hace accesible a mi oración. 9 Guímel.—Cerró mis caminos con sillares de piedra, torció todos mis senderos.
10 Dálet.—Fué para mí como oso en acecho, como león en escondrijo. 11 Dálet.—Me hizo caer en emboscadas, me despedazó, me asoló. 12 Dálet.—Tendió su arco, y me puso por blanco de sus saetas.
13 He.—Clavó en mis lomos las flechas de su aljaba. 14 He.—Soy el escarnio de los pueblos todos, su cantinela de todo el día. 15 He.—Me hartó de amarguras, me embriagó de ajenjo.
16 Vau.—Rompióme los dientes con una piedra, cubrióme de ceniza. 17 Vau.—Me robó la paz, ya no gozo de bien alguno. 18 Vau.—Así que me digo: Se acabaron mis fuerzas, ya para mí no hay esperanza en Yave.
19 Zain.—Guando pienso en mi miseria y en mi aflicción, en el ajenjo y en el veneno. 20 Zain.- Cuando me acuerdo, se abate mi alma dentro de mí. 21 Zain.—Quiero traer a la memoria lo que puede darme esperanza.
22 Jet.—No se ha agotado la misericordia de Yave, no ha llegado al límite su compasión. 23 Jet.—Se renuevan cada día. ¡Oh! Es muy grande tu fidelidad. 24 Jet.—Yave
es mi parte, dice mi alma, por eso quiero esperar en él.
25 Tet.—Es bueno Yave para los que en él esperan, para el alma que le busca. 26 Tet.—Y es bien esperar, callando, el socorro de Yave. 27 Tet.—Bueno es al hombre soportar el yugo desde la mocedad.
28 Yod.—Sentarse en soledad y en silencio, porque es Yave quien lo dispone; 29 Yod.—Poner su boca en el polvo, y no perder toda esperanza. 30 Yod.—Dar la mejilla al que la
hiere, hartarse de oprobios.
31 Caf.—Porque el Señor no desecha para siempre. 32 Caf.—Sino que después de afligir, se compadece según su gran misericordia. 33 Caf.-—Porque no aflige por gusto, ni de grado acongoja a los hijos de los hombres.
34 Lámed.—Aplastar con los pies a los cautivos todos, 35 Lámed.—violar la justicia y la humanidad a los ojos del Altísimo. 36 Lámed.—hacer tuerto a uno en su causa, ¿no ha de verlo el Señor ?
37 Mem.—¿Quién podrá decir que una cosa sucede sin que la disponga el Señor? 38 Mem.—¿No es de la voluntad del Altísimo de donde proceden los males y los bienes? 39 Mem.— ¿Por qué, pues, ha de lamentarse el viviente? Laméntese más bien cada uno de sus pecados.
40 Nun.—Escudriñemos nuestros caminos, examinémoslos, y convirtámonos al Altísimo. 41 Nun.—Alcemos nuestro corazón y nuestras manos a Dios, que está en los cielos.
42 Nun.—Hemos pecado, hemos sido rebeldes, y no nos perdonaste.
43 Sámec.—Desencadenaste tu ira y nos perseguiste, mataste sin piedad. 44 Sámec.—Te has cubierto de una nube, para que no llegue a ti la plegaria. 45 Sámec.—Y nos hiciste oprobio y escarnio en medio de los pueblos.
46 Ayin.—Abren contra nosotros su boca todos cuantos nos odian. 47 Ayin.—Nuestra parte es el terror y la fosa, el saqueo y la ruina. 48 Ayin.—Corren de mis ojos ríos de agua por la ruina de la hija de mi pueblo.
49 Pe.— Mis ojos derramarán lágrimas sin descanso, sin cesar. 50 Pe.— Hasta que Yave mire y vea desde lo alto de los cielos. 51 Pe.—Mis ojos contristan mi alma por todas las
hijas de mi ciudad.
52 Sade.—Me dieron caza como a un ave, los que sin causa me aborrecen. 53 Sade.—Quisieran acabar del todo mi vida en una fosa, arrojando piedras sobre mí. 54 Sade.—Suben las aguas por encima de mi cabeza, y me dije: Muerto soy.
55 Qof.-—Invoqué tu nombre, ¡oh Yave!, desde lo hondo de la fosa. 56 Qof.—Y oíste mi voz, no cerraste tus oídos a mis suspiros y mis gritos. 57 Qof.—Cuando te invoqué, te acercaste y me dijiste: No temas.
58 Res.—Tú, Señor, defenderás la causa de mi alma, rescatarás mi vida. 59 Res.—Tú ves, ¡oh Yáve!, cuánto me atormentan. Hazme justicia. 60 Res.— Tú ves todos sus rencores, todas sus maquinaciones contra mí.
61 Sin.—Tú, ¡oh Yave!, ves todos sus ultrajes, todas sus tramas contra mí. 62 Sin.—Las palabras de mis enemigos y los proyectos que para mi mal trazan todo el día. 63 Sin.—Tú ves cuándo se sientan, cuándo se levantan, y cómo soy su contienda.
64 Tau.—Tú les darás, ¡oh Yave!, su merecido, según las obras de sus manos. 65 Tau.—Tú los darás al endurecimiento de sus corazones, a tu maldición contra ellos. 66 Tau.—
Tú los perseguirás en tu ira, y los exterminarás de debajo de los cielos, ¡oh Yave!
4
1 Alef.—¿Cómo se ennegreció el oro, cómo el oro fino perdió su brillo? Están las piedras del santuario esparcidas por los rincones de todas las calles.
2 Bet.—Los hijos de Sión, preciados y estimados como oro puro, son tenidos por vasijas de barro, obra de las manos del alfarero.
3 Guímel.—Aun las mismas hembras del chacal dan la teta y amamantan a sus crías. Pero la hija de mi pueblo se ha hecho tan cruel como los avestruces del desierto.
4 Dálet.—La lengua de los niños de teta se pega de sed al paladar: los pequeñuelos piden pan, y no hay quien se lo dé.
5 He.—Los que se nutrían de manjares delicados perecen por las calles; los que se criaron vistiendo púrpura se abrazan a los estercoleros.
6 Van.—El castigo de la hija de mi pueblo es más grande que el de Sodoma; destruida en un instante, sin que nadie pusiera en ella la mano.
7 Zain.—Eran sus príncipes más resplandecientes que la nieve, más blancos que la leche, más rubicundos que el coral, más bellos que el zafiro.
8 Jet.—Y están más negros que la negrura, no hay quien los conozca por las calles. Está su piel pegada a los huesos, seca como un palo.
9 Tef.—Los muertos a la espada son más dichosos que los que mueren de hambre, que mueren poco a poco extenuados por falta de los frutos de la tierra.
10 Yod.—Las mujeres, a pesar de su ternura, cocieron a sus hijos, y se alimentaron de ellos, en medio del quebranto de la hija de mi pueblo.
11 Caf.—Apuró Yave sus furores, derramó su abrasada ira, y encendió contra la hija de Sión el fuego que consume sus cimientos.
12 Lámed.—Nunca creyeron los reyes de la tierra, ni cuantos habitan el mundo, que entraría el enemigo, el adversario, por las puertas de Jerusalén.
13 Mem.—Por los pecados de sus profetas, por las iniquidades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella sangre de justos.
14 Nun.-—Erraban como ciegos por las calles, manchados de sangre, no se podía tocar sus vestiduras.
15 Sámec.—Apartaos, inmundos, les gritaban; alejaos, alejaos, no nos toquéis. Están en fuga, errando de acá para allá, dicen las gentes: No estén ya más aquí.
16 Ayin.—Yave los dispersó en su ira, y no vuelve a ellos su mirada. No hubo respeto para el sacerdote, ni piedad para el anciano.
17 Pe.-—Se consumían nuestros ojos, esperando vanamente el socorro. Iban esperanzadas nuestras miradas hacia un pueblo que no pudo librarnos.
18 Sade.—Espiaban nuestros pasos, para impedirnos pasar por las calles; nuestro fin se acercaba, se cumplían nuestros días, y llegó nuestro fin.
19 Qof.—Eran nuestros enemigos más veloces que las águilas del cielo, y nos perseguían por los montes, y nos ponían celadas en el desierto.
20 Res.— El que era nuestro aliento, el ungido de Yave, fué cogido en su trampa; aquel de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.
21 Sin.—Alégrate y tripudia, hija de Edom, que habitas la tierra de Us. Ya te llegará a ti el cáliz, y te emborracharás hasta vomitar.
22 Tau.—Hija de Sión, tu iniquidad está expiada, ya no volverá a arrojarte al cautiverio. Hija de Edom, él castigará tu iniquidad, y pondrá tus pecados al descubierto.
5
1 Acuérdate, ¡oh Yave!, de lo que nos ha sobrevenido, mira y ve nuestro oprobio. 2 Nuestra heredad ha pasado a manos extrañas, nuestras casas a poder de desconocidos. 3 Somos como huérfanos, sin padre, y nuestras madres son como viudas.
4 Bebemos nuestra agua a precio de dinero, y tenemos que comprar nuestra leña. 5 Somos perseguidos, llevamos yugo sobre la cerviz, estamos agotados, no hay para nosotros
descanso. 6 Tendimos la mano al Egipto y a la Asiria, para saciarnos de pan. 7 Pecaron nuestros padres, mas murieron, y llevamos sobre nosotros la pena de sus iniquidades.
8 Somos dominados por esclavos, y no hay quien nos libre de sus manos. 9 Con peligro de la vida, vamos en busca de nuestro pan, ante la espada del desierto. 10 Nuestra piel quema como un horno, por el ardor del hambre.
11 Violaron a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. 12 Colgaron de las manos a los príncipes, y no respetaron la persona de los ancianos. 13 Los mancebos son puestos a la muela, y los niños se tambalean bajo la carga de leña. 14 Ya no van los ancianos a la puerta, ya no cantan los jóvenes.
15 Huyó de nuestros corazones la alegría, nuestras danzas se han torado en luto. 16 Cayó de nuestran cabeza la corona. ¡Ay de nosotros, que pecamos! 17 Se angustia nuestro corazón, se nublan nuestros ojos, 18 porque el monte de Sión está asolado, y por él se pasean las raposas.
19 Tú, ¡oh Yave!, reinas por siempre, y tu trono permanece por generaciones y generaciones. 20 ¿Nos olvidarás para siempre, nos abandonarás por largo tiempo? 21 Conviértenos a ti, ¡oh Yave!, y nos convertiremos. Danos todavía días como los antiguos. 22 ¿Nos vas a rechazar enteramente? ¿Te irritarás contra nosotros hasta el extremo?

Sagrada Biblia (Nacar-Colunga) 1944

No hay comentarios: